HUMOR

Animales


Un señor vendía naranjas en un caballo y lo maltrataba mucho, un día el caballo se reveló y le habló a un comprador (a escondidas del amo)y le dijo:
Este me tiene cansado, yo paso hambre, sed, trabajo todo el día, siempre me tiene amarrado, me voy a morir del cansancio.
El comprador sorprendido le dijo:
Que raro, un caballo que habla, bueno y si tú hablas, ¿Por qué no le dices tu problema?
El caballo contestó:
¿Estás loco? ¡Si él sabe que hablo me pone a vocear naranjas, naranjas, vendo naranjas baratas!




Una tortuguita comienza penosa y lentamente a subirse a un árbol. Después de varias horas de esfuerzo, cuando llega a la punta, se lanza al vacío y se da un feroz golpe en el suelo.
Al rato, la misma tortuguita vuelve a hacer el esfuerzo y lentamente, trepando como puede, llega de nuevo casi a la punta, se lanza y se vuelve a dar otro costalazo.
Nuevamente, testaruda, hace otro tremendo esfuerzo y después de mucho rato y muchos jadeos, va llegando a la punta del árbol cuando se resbala, se vuelve a caer, agita sus patitas y se pega nuevamente un gran golpe en el suelo.
En el mismo árbol en el extremo de una rama, había una pareja de palomas mirándola con lástima, entonces la paloma hembra le dice al palomo macho: Oye, querido, ¿No te parece que ya es tiempo que le digamos a la
tortuguita que ella es adoptada?




Era una vez un señor llamado Pedro que quería una mascota, así que decidió ir a la tienda de mascotas que quedaba a dos cuadras, llegó y le pidió al vendedor una mascota extraña y este le entregó una caja muy grande, y Pedro le pregunta:
¿Qué es eso?
Y el vendedor le dice:
Un ciempiés.
Y Pedro sorprendido le dice:
¿Qué tanto sabe hacer?
Y el vendedor le explica que sabe barrer e ir a la tienda en pocos minutos. El vendedor lo convenció y se lo compró.
Pedro llegó a su casa y abrió la caja y le ordenó limpiar y lo hizo en poco tiempo. Después Pedro se acordó que ya no tenía pan y leche y mandó al ciempiés a la tienda.
Pasaron 5 minutos, 10 minutos, 1 hora, 2 horas, 3 horas y nada... Y Pedro dijo:
Pues mi ciempiés ya se tardó, voy a ver si ya viene, abre la puerta y vio allí el ciempiés y Pedro le pregunta:
¿Qué haces aquí?
Y el ciempiés le responde:
Poniéndome los zapatos.











Estaba el Rey León todo borracho caminando por la selva, toma entre sus patas al conejo, lo levanta por las orejas, lo acerca amenazadoramente a sus ojos y le pregunta:
Conejo, ¿Quién es el Rey de la Selva?
¡Tú León, sólo tú!, responde el conejo asustado.
El León lo suelta y hace lo mismo con la tortuga, el jabalí, el búho, y se encuentra al elefante, lo toma por la trompa y le pregunta:
Elefante, ¿Quién es el Rey de la Selva?
A lo que el elefante lo enrolla en su trompa y lo golpea repetidas veces contra el piso, y los árboles cercanos, y lo lanza contra un muro de piedra.
Se levanta el León todo moreteado y dice:
¡Pero bueno, vale, si no sabes no te pongas bravo!




¿Qué pasa si un elefante se para en una pata?
El pato se queda viudo.







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