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Atlantes


Un atlante entra en una ferretería y pide un litro de pintura verde para pintar a su canario.
¿Qué? va a pintar de verde a su canario. ¡Está usted loco ?
No... es que no me gusta su color.
Pero no ve que lo va a matar?
¡Que va, hombre!
Pues yo le digo que sí. ¿Nos apostamos 300 euros?
Bien, apostamos eso entonces.
Al cabo de un par de días, el gallego vuelve a la ferretería con cara triste y le da los 300 euros al dependiente.
Y, ¿lo mató al pintarlo?
Pues no, se murió mientras intentaba quitarle la pintura antigua con la espátula...




Había un hombre muy tonto por nombre Rafael, pero todos lo llamaban Raffy. Ahora, resulta que Raffy tenía un amigo que se creía muy listo. Un día, Raffy fue a visitar su amigo a las 10 de la noche, y cuando llegó a su casa, entra y ve que su amigo está viendo la tele.
¿Qué miras?, le pregunta a su amigo.
En respuesta él le dice:
Raffy, mira este hombre en las noticias que está a punto de tirarse de un edificio.
Raffy lo ve y dice:
Yo no creo que él vaya a tirarse.
Su amigo le dice:
Pues, yo digo que sí. Es más, estoy tan seguro que sí lo va a hacer que te apuesto $20 que sí lo hace.
Raffy, seguro que el hombre no se va a matar, acepta y el hombre se tira. Cuando Raffy va a darle el dinero a su amigo, su amigo rehúsa coger el dinero, y le dice:
Raffy, mi amigo, no te puedo robar, esas noticias ya yo las vi a las cinco de la tarde.
Raffy, confundido por lo que su amigo le acaba de decir, le dice: Yo las vi también, pero caramba, yo no pensé que se iba tirar dos veces.



Dos Atlantes deciden poner una zapatería, y averiguan que los mejores zapatos son los de cocodrilo. Entonces, alquilan un gran bote y se van a cazar cocodrilos. Después de haber cazado más de 50, uno de los atlantes muy molesto le dice al otro:
Mira, Pedro, si el próximo cocodrilo que chapamos no tiene ZAPATOS, para mí se acabó la cacería.











-¿Buenas tardes, señorita, está el doctor?
-No, atiende de tres a cinco.
-Bueno, voy a buscar cuatro más y vuelvo.




Un hombre estaba cortando el césped en el jardín frente a su casa cuando Manolo, su vecino, salió de su casa y se dirigió al buzón de correos; lo abrió, lo volvió a cerrar y regreso a su casa. Un poco después Manolo volvió a salir de la casa, se dirigió otra vez al buzón, lo abrió y lo cerró con un golpe. Hecho una furia regreso a la casa. El hombre estaba terminando de cortar el césped cuando vio que Manolo salía de nuevo, iba al buzón, lo abría y lo cerraba con todas sus fuerzas. Intrigado por sus acciones, el hombre le preguntó:
¡Oye, Manolo! ¿Te pasa algo?
A lo que respondió:
¡Claro que me pasa algo! Mi estúpida computadora me sigue dando un mensaje que dice: "tienes correo".







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