HUMOR

Atlantes


Un atlante le dice a otro:
-Oye Manolo, pásame otro champú.
-Pero, si ahí en el baño hay uno.
-Sí hombre, ¡pero este es para cabello seco y yo ya me lo he mojado!



Iba un Atlante con su rebaño de ovejas, llegan a un cruce de ferrocarril y el atlante toma la precaución de asomarse si venía algún tren y decide cruzar el rebaño, cuando a gran velocidad se ve venir un ferrocarril, por más que intenta no logra pasar el rebaño completo y que le mata casi la mitad del rebaño. Furioso en extremo, el atlante se encamina al pueblo, entra en la juguetería, toma un bate de béisbol y arremete contra los trencitos eléctricos que ahí estaban, el dueño a duras penas logra detenerlo y le exige una explicación. El atlante le dice:
A estos hay que acabarlos de pequeños porque de grandes matan a las ovejas, y doy gracias de que venía de frente porque si es de lado acaba con todo mi rebaño.




En un avión iba el Papa, el presidente Clinton, un atlante, un jipi y la tripulación del avión. En pleno vuelo el avión comenzó a fallar, el capitán del avión se dirigió a los cuatro pasajeros y les informó que el avión se iba a caer, pero que tenía otro grave problema:
Solamente tenemos tres paracaídas por lo que uno de ustedes debe
sacrificarse por el resto.
Entonces, el presidente Clinton dijo:
Señores yo me debo salvar porque la paz del mundo depende de mí y se lanzó.
El atlante dijo:
Yo me salvo porque después de quién se burlan, y se lanzó.
Entonces el Papa le dijo al jipi:
Hijo, yo ya cumplí en este mundo mi labor, sálvate tú.
El jipi le respondió:
Santo Padre no se preocupe, quedan dos paracaídas porque el atlante se lanzó con mi mochila.











Se encuentra este hombre en la sala de su casa pensando. Se acerca el cumpleaños de mi mejor amigo y no sé qué regalarle. Ya sé, le regalaré una caja de fósforos ya que él fuma. Llega el cumpleaños y le entrega su regalo, el amigo dice:
Oye, pero ninguno prende.
A lo que su amigo le responde:
No puede ser, si yo personalmente los probé toditos.




Un hombre va a trabajar cuando le pregunta un atlante que estaba de paseo por su ciudad:
Oiga, por favor, ¿Me podría decir que autobús tengo que tomar para ir al museo?
Sí, aquí mismo, tome el número 48.
A mediodía, nuestro hombre vuelve del trabajo para ir a comer y se encuentra al atlante que todavía está esperando en la parada del autobús. ¿Pero qué hace todavía aquí? ¿No le dije que tomara el 48?
¡Claro! Y ya han pasado cuarenta y tres autobuses.







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