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Bares





Entra un señor en un bar y pide un café, el mozo lo trae y el señor se lo toma, pide la cuenta y el mozo le dice:
Son 26 pesos.
¿Cuántos? ¿Un café 26 pesos? ¿Usted está loco?
Entonces, el señor se acuerda que tiene 26 monedas de un peso y se las empieza a tirar de una detrás del mostrador, y así las 26 monedas. El señor se va y el mozo se quedó re caliente, este maldito, me tiró todas las monedas.
Vuelve el mismo señor a la semana, pide otro café, se lo trae el mozo y el señor se lo toma, cuando pide la cuenta el mozo le dice:
Son 26 pesos.
El señor saca un billete de 50 pesos y se lo da al mozo. El mozo va a la caja y le dice al cajero:
Mira, ahí está el maldito que me tiró las 26 monedas, dame el vuelto en monedas que lo voy a joder.
El cajero le da 24 monedas de un peso y el mozo se acerca al señor y le dice:
Aquí tiene su vuelto, y le tira de a una todas las monedas.
El señor saca dos monedas, las tira y le dice:
¡Mozo, otro café!




Este es un señor que entra en un bar y le dice al camarero:
¿Me puede traer una tortilla?
En esto que el camarero le pregunta:
¿Francesa o española?
Y el cliente le contesta:
Me da igual, no voy a hablar con ella.




Un hombre está en un bar y le dice al camarero:
-Le apuesto 200 dólares que yo orino en el vaso que está a 5 metros sin tirar ninguna gota de orina en el piso.
-Bueno le contesta el camarero.
El hombre piensa en el vaso, se concentra en el vaso y de pronto sale la orina, orina la mesa, el pool, el camarero y todo el bar.
-El hombre riéndose va al fondo del bar y habla con unos jóvenes y trae los 200 dólares y se los da al camarero.
El camarero le dice:
-Grandísimo estúpido acabas de perder 200 dólares.
Y el hombre le contesta:
-Ves aquellos jóvenes del fondo les aposté 500 dólares que orinaba en todo el bar y que vos no te ibas a enojar y mas encima te reirías.











Llega un campesino a un bar con una radio bajo el brazo ofreciéndola en venta. En una mesa cercana hay varios citadinos quienes al verlo humilde se proponen quitarle la radio sin pagarle un centavo. Uno de los citadinos le comenta a los otros:
Les aseguro que con unas cervezas encima, ese campesino terminará rebajando el costo de la radio hasta casi nada.
Por lo que lo invitan a sentarse con ellos. Entonces, pregunta el citadino:
¿En cuánto nos vendes tu radio?
En 30 dólares, responde de manera ingenua.
Okay, dice el citadino, vamos a tomarnos unas cervezas y luego hablamos. Al cabo de un rato ya se han tomado varias cervezas cada uno y el citadino vuelve a preguntar:
Y entonces, ¿En cuánto la vendes?
Bueno, deme 10 dólares, responde el campesino.
Me parece mejor, dice el citadino.
¡Vamos, te invito a otras cervezas!
Luego de un buen rato le pregunta nuevamente al campesino,
Y ahora, ¿En cuánto me la vendes?
Deme 5 dólares para poder irme a mi casa.
El citadino, viendo la posibilidad de quedarse con la radio, decide continuar con la ronda de cervezas y luego de otro buen rato insiste: Y ahora campesino, ¿En cuánto me lo vendes?
A lo que el campesino responde:
Le voy a decir la verdad, yo quería vender la radio para beber cerveza pero, como ya estoy borracho he decidido no venderla e irme ya a mi casa.




Un tío que iba todos los días a un bar, siempre pedía tres cervezas. ¡Deme tres cervezas!
Al día siguiente la misma cosa:
¡Tres cervezas, por favor!
Como el camarero estaba algo extrañado le pregunta:
Oye, ¿por qué siempre que vienes pides tres cervezas y te las bebes del tirón?
y el tío le responde:
Es que yo tengo dos hermanos, uno en Suecia y otro en París, y como siempre bebíamos juntos, pues yo bebo por ellos.
Dice el camarero:
Ah, bien, bien...
Al día siguiente el tío llega al bar y dice:
¡Dos cervezas!
El camarero extrañado le pregunta:
Y eso, ¿es que se ha muerto un hermano o que?
Y dice el tío:
¡No, es que yo he dejado la bebida!







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