HUMOR

Crueles


Era una señora tan, tan gorda, que se puso un vestido de flores y se acabó la primavera.




Mamá, te prometo que cuando me crezcan los dedos no los meto a la licuadora.




Llega un ciempiés, muy desesperado, tocando la puerta de su casa y diciendo:
Papá, papá, ábrame, que me come un pollo.
Y el papá le dice:
¡Espérate hijito que me ponga los zapatos!











Había una vez un niño tan feo, pero tan feo, que un día su mamá lo llevó de camping y en la noche, los coyotes prendieron fogatas para que no se les acercara.




Había una familia, tan, pero tan pobre que una vez a la hija menor le pidieron una contribución en la escuela para hacer una alberca (piscina) y al día siguiente la chiquita llegó con dos bolsas de agua.







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