HUMOR

Matrimonios


Vengo a devolverles este revólver que compró ayer mi señora.
¿Qué pasa?¿No funciona bien?
Sí hombre, sí que funciona. Pero por el momento ya nos hemos reconciliado.




Tres amigos están conversando en un bar sobre sus esposas. Uno dice: Anoche le dije a mi mujer que en la casa yo era quien mandaba. Ella no estuvo de acuerdo, así que nos sentamos a hablar, y decidimos tomar las decisiones entre los dos.
El segundo dice: Pues anoche le dije a mi mujer que en la casa yo era quien mandaba. Ella no estuvo de acuerdo, empezó a gritarme hasta que me cansé y le dije que hiciera lo que quisiera. El tercero se queda en silencio, hasta que los otros le preguntan: ¿Y tú no tienes problemas con tu mujer? Bueno, anoche le dije a mi mujer que en la casa yo era quien mandaba. Ella no estuvo de acuerdo, pero en media hora ya la tenía caminando a gatas por la casa. Los otros estaban asombrados: ¿Y entonces qué pasó?
Bueno... entonces ella gritó: ¡Sal de debajo de la cama y pelea como un hombre!




Estaban dos hombres en el cielo y uno le pregunta al otro:
¿Y vos de qué moriste?
Congelado, ¿Y tú?
De la risa.
¿Cómo que de la risa?
Sí, es que yo pensaba que mi esposa me estaba engañando con otro hombre, entonces un día le dije que iba a salir por 2 días, pero cuando me fui, regresé ese mismo día para ver si la atrapaba con el otro hombre. Cuando llegué, busqué por toda la casa y no encontré a ningún hombre. Dándome cuenta del error que había cometido empecé a reír y reír hasta que morí. ¡Bruto, si hubieras buscado en la nevera nos hubiéramos salvado los dos!










El marido moribundo le dice a su esposa:
Camelia, antes de morir dime si alguna vez me engañaste.
Esta, sorprendida por tal pregunta le contesta:
¡Ay no, y si no te mueres!




Una dama entra a una farmacia y le pide al farmacéutico :
- Por favor, quisiera comprar arsénico.
Dado que el arsénico es muy tóxico y letal, el farmacéutico quiso saber más datos antes de proporcionarle la sustancia.
- ¿Y para qué querría la señora comprar arsénico?
- Para matar a mi marido.
- !Ah, caramba! Lamentablemente para ese fin no puedo vendérselo. La mujer sin decir palabra abre la cartera y saca una fotografía del marido haciendo el amor con la mujer del farmacéutico.
!Mil disculpas!, - dice el farmacéutico
- no sabía que usted tenía receta ....







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