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Religiosos





Venía un sacerdote lleno de arroz hasta en los anteojos.
¿Dónde fue la boda, padre?
Que boda ni que demonio, me vomitó un chino.




Un día en un pueblo apareció muerto un burro frente a la iglesia, y pasaban los días y nadie lo recogía, y el cura muy molesto llama al alcalde y le dice:
Señor alcalde, usted como alcalde por qué no manda que recojan ese burro. El alcalde que no estaba ese día de muy buen humor le responde:
Y usted como buen cristiano dele una cristiana sepultura.
Y el cura responde:
Sí, pero como buen cristiano es también mi deber avisar a sus familiares.



Va un señor al confesionario y justo el cura estaba comiendo. Entonces, el señor le dice:
He pecado.
Y el cura le responde:
No es pollo.











Había un francés, un gringo, y un mexicano, eran amigos y al regresar de una cantina en su auto chocan y todos mueren, como se portaron mal en su vida todos se fueron al infierno, al llegar los recibe el diablo y les dice:
Tienen una oportunidad de ir al cielo.
Ellos preguntan que cuál y él les contesta:
Diganme la primera letra de su nombre, y si lo adivino se quedan aquí, pero sino lo adivino, se van al cielo.
Comenzamos contigo le dijo al gringo:
¿Con qué letra empieza tu nombre?
Con la b.
Te llamas Bill.
Adivinaste, te quedarás aquí.
Sigues tú francés.
Mi nombre empieza con la letra f.
Te llamas franchesco.
Oui, adivinaste te quedas aquí, a ver tú mexicano, ven acá.
Dígame su merced.
¿Con qué letra empieza tu nombre?
Con la g.
Te llamas Gerardo.
No señor.
Geronimo.
Tampoco.
Gonzálo, Gabriel, ya he dicho varios nombres que empiezan con g y no adivino, así que te vas al cielo, pero antes de irte dime, ¿Cómo te llamas?
Pues, Gelipe.




Un cura estaba limpiando el altar en su iglesia cuando entra un hombre con cara de asombro y se queda plantado delante de la estatua del Santo Padre con la mano extendida. El cura, entre preocupado e indignado, sigue con sus quehaceres sin quitar el ojo al molesto personaje, y así pasa el tiempo. Al cabo de una hora el hombre con gesto de enfado susurra a la estatua:
Por favor, date prisa que llego tarde.
El cura no puede más y totalmente enfadado increpa al hombre:
Pero desdichado, ¿Qué estás haciendo?
A lo que el hombre responde:
Mire, a mí déjeme en paz, yo lo único que hice fue dar una lismona al pobre de la entrada y él me respondió Dios se lo pagará, y a eso vengo.







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