HUMOR

Viejitos


En una reunión familiar los nietos piden a su abuelo que les relate la historia de cuando salvó a su general en su condición de soldado. Éste comienza la historia de la siguiente manera:
Yo estaba de guardia esa noche, cuando me percaté que se acercaba un rinoceronte a la tienda de campaña de mi General, le disparé, le corté una pierna y me la puse en el hombro, luego se repitió la historia, pero esta vez con un jabalí y también me la puse en el hombro. Luego el abuelo con un silencio profundo se queda dormido, los nietos desesperados por el final de la historia despiertan al abuelo de la siguiente manera: Abuelito, termina de contarnos la historia.
A lo que éste pregunta:
¿Qué historia mijitos?
Esa de cuando le tenías las piernas en tus hombros...
Ahhh, exclama el abuelo, después se lo mandé a guardar todito a tu abuela.



Va un anciano de 80 años al médico y le dice:
Doctor, la pierna izquierda me duele mucho.
A lo que el doctor le responde:
No se preocupe hombre, que eso es por la edad.
Y el anciano le contesta:
Sí, pero es que la otra tiene los mismos años y no me duele.




Estaba una viejita tratando de tocar el timbre de una casa, pero no alcanzaba. En esas llega un joven y le dice:
¿Le ayudo a tocar el timbre?.
Sí por favor.
El joven toca el timbre y le dice:
¿Y ahora?.
Y la viejita le contesta:
Ahora, ¡a correr!











Va un viejito al médico y le dice:
-Doctor, estoy preocupado porque tengo 100 años y todavía ando
persiguiendo muchachas-
-Pues eso sí que es un caso insólito, pero dígame en qué quiere que le ayude, qué es lo que le preocupa de eso-
-Pues que las ando persiguiendo pero ya no me acuerdo para qué-




Un anciano de 90 años llega al médico para su chequeo de rutina. El doctor le pregunta:
¿Cómo se siente?
¡Nunca estuve mejor!, mi novia tiene 18 años, ahora está embarazada y vamos a tener un hijo.
El doctor piensa por un momento y dice:
Permítame contarle una historia:
Un cazador que nunca se perdía la temporada de caza, salió un día tan apurado de su hogar, que se confundió tomando el paraguas en vez del rifle. Cuando llegó al bosque, se le apareció un gran oso, el cazador levantó el paraguas, le apuntó al oso y disparó. ¿A que no sabe qué pasó? No sé, responde el anciano.
Pues el oso cayó muerto frente a él.
¡Imposible!, exclama el anciano, alguien más debe haber disparado. ¡Pues claro hombre, a ese punto quería llegar!







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