HUMOR

Viejitos


Cuando mi abuela tenía 60 años, el médico le recomendó que anduviera 5 Km. diarios.
Ahora tiene 90, y no sabemos dónde está.




En un autobús repleto de viejecitos, en una gira especial a Lourdes para gente de tercera edad, una viejecita le toca el hombro al chofer y le brinda
un buen puñado de cacahuates (maní) sin cáscara.
El chofer sorprendido le da las gracias y se los come con agrado.
Cinco minutos después, la abuelita repite, el chofer vuelve a agradecerle el
gesto y se come los cacahuates.
Cinco minutos mas tarde, la anciana viene con otro puñado.
El chofer ya no puede comer más y le pregunta:
- Dígame abuelita, es muy gentil de su parte atiborrarme de cacahuates, pero
¿usted no cree que, a lo mejor, sus cuarenta amigos y amigas querrían también unos pocos?
- ¡ No se preocupe joven!, no tenemos dientes para masticarlos y sólo chupamos el chocolate que los recubre!




Iba caminando un viejito y el viejito ve a un niño y le pregunta: "¿Cuántos años crees que tengo?"
Y el niño contesta:
"No se vale señor, yo no sé contar hasta 100".











Están tres viejitos conversando alrededor de una mesa, en la casa del más viejo de ellos el cual tenía como 90 años, y que tenía muy mal humor. Entonces, los otros dos se ponen a conversar que tenían problemas de arteriosclerosis y muy mala memoria.
Compadre Luis, sabe que el otro día iba a la panadería y de repente aparecí en la farmacia, después me fui a la iglesia y aparecí en la parada del autobús.
Eso no es nada, yo iba al baño y aparecí en el cuarto orinando en la cama, iba a la sala y aparecía en el jardín.
En eso el más viejito, que los está oyendo, empieza a golpear la mesa y a decir:
De qué hablan ustedes viejos, están locos.
Y sigue golpeando la mesa mientras hablaba refunfuñando, y de pronto se para, los otros dos se le quedan mirando y le preguntan:
¿Adónde vas?
Y éste responde:
¡No ves que están tocando la puerta!




La abuela pregunta al nieto:
Niño, ¿cómo se llama tu amigo, el que siempre me esconde las cosas? Y el nieto le contesta:
Alzheimer, abuela, Alzheimer.
La abuela vuelve a preguntar:
¿Y ese otro que me pone tan nerviosa? ¿Cómo se llama?
El nieto le dice:
Parkinson, abuela.







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