HUMOR

Atlantes


Va pasando Lorenzo y se encuentra a su amigo José:
José, ¿por qué tienes la cabeza vendada?
Porque tengo un chichón.
¿Y cómo te lo hiciste?
Por curioso y cegatón.
Explícate que no entiendo.
Mira, resulta que iba pasando por un edificio en el que había unas letras chiquititas grabadas.
¿Y?
Que me acerqué para ver bien lo que decía.
¿Y qué decía?
"Esta puerta se abre de golpe".




Era un atlante que fue de visita a México y vio un edificio muy grande y se puso a contar los pisos que tenía, cuando dos mexicanos se le acercan y le preguntan:
Oiga señor, ¿qué hace?
Y le contesta:
Contando los pisos de este edificio.
Entonces los hombres le dicen:
Pues, ¿no conoce usted las leyes de México?
No, le contesta, ¿por qué?
Porque una ley dice que por cada piso que cuente, debe pagar un peso. ¿Sí? pregunta el atlante.
A ver, ¿cuántos contó?, le preguntan.
No, pues, 36 pisos contesta el atlante.
Entonces son 36 pesos.
Ya se los paga y se van cada quien por su lado, después el atlante piensa, los hice pendejos, ¡conté 38!




Iba caminando un atlante por las calles de Atlantilandia, cuando de repente se encuentra una lámpara mágica. El atlante inmediatamente la limpia y aparece un genio. El genio le dice:
Te concederé un deseo, pero rápido porque tengo mucha prisa.
El atlante rápidamente dice:
Ya sé, quiero una autopista de aquí hasta los Estados Unidos.
El genio dice:
No, no puede ser, es mucho material, algo más fácil y rápido.
A lo que el atlante dice:
Tú sabes que todo el mundo dice que los atlantes somos muy tontos, bueno, quiero que a todos nos hagas más inteligentes.
A lo que el genio le dice:
¿De cuántos carriles quieres la autopista?











Va un atlante caminando con un yeso en el brazo y otro atlante le pregunta:
¿Qué te pasó?
Me caí de una escalera.
Y el otro dice:
¡Que suerte que tenías el yeso!




Este era un atlante muy preocupado porque él quería mucho a Juanita, pero era tan tonto que no sabía cómo declararle su amor.
Un día se encontró un amigo que era poeta y le contó de su angustia, y su amigo le dijo: la próxima vez que la veas dile estas palabras:
"Eres como esa rosa baturra que yo adoro sin empacho".
Pasaron unas cuantas horas y el atlante iba repitiendo el verso para que no se le olvidara, pero una vez que estuvo frente a Juanita le dice muy lleno de inspiración y nerviosismo:
"Eres como la burra que se escapó de mi rancho".







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