HUMOR

Profesiones


Era un señor que le llevaron ante el juez, y el juez le dice:
¡Pero hombre, no le dije que no quería volver a verlo por aquí!
¡Sí señor juez, eso mismo les dije yo a los policías, pero no me hicieron caso!




En un pueblo se está construyendo una carretera. Un pueblerino se sentaba largas horas a ver como se realizaba la obra cuando se topó con el ingeniero.
Hola, soy George Frank Steven, el ingeniero que hizo los estudios y encargado de la obra y la maquinaria.
Hola, yo soy Federico Díaz, soy del pueblo vecino.
Veo que nunca habías visto cómo se hace una carretera moderna. Dime, ¿Cómo hacen las carreteras en tu pueblo?
Bueno, en mi pueblo cuando queremos hacer una carretera de un pueblo a otro, soltamos un burro viejo y el animal escoge el camino más corto y más seguro y por ese camino hacemos la carretera.
¿Y qué pasa si no tienen un burro?
¡Llamamos a un ingeniero!




Un hacendado se va por negocios a la ciudad por dos semanas, y deja todo al cuidado de su capataz.
Ya sabes, cuida bien todo, no vaya a pasar algo.
No se preocupe patrón, que nada va a suceder.
No sé, es que tú eres bien bruto.
Dos semanas después vuelve el hacendado.
Y, Cholo, ¿Alguna novedad?
No patroncito, nada ha pasado.
¿Estás seguro? Que tú eres medio bruto.
Bueno, ahora que lo dice, sí pasó algo, se murió su gato.
¡Mi gato de angora! ¿Cómo que se murió mi gato?
Se murió de indigestión.
¿Cómo que de indigestión? Si sólo comía atún y caviar.
Es que comió carne de caballo.
¿Qué caballo?
Su caballo pues patrón, es que se murió y había que aprovechar la carne. ¡Bruto! ¿Qué pasó con mi caballo de paseo?
Se murió del esfuerzo.
¿Qué esfuerzo?
Pues de cargar agua.
¡Agua! ¿Para qué?
Para apagar el incendio.
¿Qué incendio?
El de su casa, pues.
¿Mi casa de campo? ¡Qué le hiciste a mi casa!
Nada, se quemó por la vela.
¿Qué vela?
La del velorio de su esposa.
¡Mi esposa infeliz! ¿Qué le pasó?
Se murió de la impresión.
¿Qué impresión?
¡Sí! De la impresión de ver a sus hijos ahogarse.
Y el hacendado le empieza a retar al capataz cuando éste suplicando dice: ¡Ya no más! ¡Ya no más patroncito! De haber sabido que se iba a poner así, no le contaba lo del gato.











Llovía torrencialmente y hacía un frío del carajo. A las dos de la mañana suena el teléfono en casa del médico.
Dígame, pregunta el doctor.
Doctor, dijo la voz del paciente, ¡Venga enseguida! ¡Creo que voy a morir! El médico se vistió apresuradamente, salió a la calle y caminó 5 Km hasta la casa del paciente. Llegó, lo examinó con detenimiento y le preguntó seguidamente:
¿Ha hecho ya testamento?
No doctor, respondió pálido el paciente.
¡Hágalo enseguida! ¡Llame inmediatamente al notario! ¿Tiene parientes? Sí. doctor.
¡Llámelos inmediatamente! Usted cree en Dios, ¿verdad?
Sí, doctor.
Haga venir inmediatamente a un sacerdote.
Pero doctor, ¿quiere decir entonces que estoy a punto de morir, que estoy muy grave?
Claro que no, estalló el médico, ¡Usted está perfectamente bien y tiene vida para largo! Lo único que me molesta es ser el único imbécil que tiene que dejar la cama a las dos de la mañana, en una noche como esta, para venir hasta su casa.




Un hombre se encuentra en la más absoluta miseria. Cuando en plena selva amazónica ve un cartel que dice: "Necesitamos empleado para la tala de árboles".
Si bien el tipo no tenía ni la más remota idea de cómo hacer ese trabajo, pidió hablar con el jefe de personal. El jefe de personal le preguntó: ¿Tiene usted experiencia en este tipo de trabajo?
Por supuesto señor, toda mi vida he talado árboles.
Bien, dígame, ¿Dónde ha trabajado?
Pues, en el Sahara.
¿En el Sahara? ¡Pero si eso es un desierto!
Si, ahora sí, ¡No sabe lo que nos costó talarlo!







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