HUMOR

Religiosos


Un cura estaba limpiando el altar en su iglesia cuando entra un hombre con cara de asombro y se queda plantado delante de la estatua del Santo Padre con la mano extendida. El cura, entre preocupado e indignado, sigue con sus quehaceres sin quitar el ojo al molesto personaje, y así pasa el tiempo. Al cabo de una hora el hombre con gesto de enfado susurra a la estatua:
Por favor, date prisa que llego tarde.
El cura no puede más y totalmente enfadado increpa al hombre:
Pero desdichado, ¿Qué estás haciendo?
A lo que el hombre responde:
Mire, a mí déjeme en paz, yo lo único que hice fue dar una lismona al pobre de la entrada y él me respondió Dios se lo pagará, y a eso vengo.




Un tipo llega a las puertas del cielo, donde lo recibe San Pedro quien, tras consultar un registro que tiene delante, le dice: Veamos, no has hecho nada especialmente malo en la vida, pero la verdad es que tampoco has hecho nada especialmente bueno. Me temo que una cosa viene a compensar la otra. No se puede decir que hayas hecho nada extraordinario, o sea que no te puedo dejar pasar.
Pero, ¿Y lo de los pandilleros?
Explícate.
Iba conduciendo por una carretera, de noche, cuando vi a un grupo de pandilleros dando una paliza a un pobre tipo. Salí del coche, me acerqué al jefe del grupo y lo golpeé en toda la cara.
¡Caramba!
Y entonces les dije a todos que soltaran al tipo o se las iban a tener que ver conmigo, así que lo soltaron.
Vaya, es estupendo, ¿Y cuando ocurrió eso?
¡Pues, hace un par de minutos!




Había un grupo de cuarenta monjas que esperaban para confesarse. Pasa la monja número uno, y le dice al sacerdote:
Padre me he reído en misa.
La monja número dos dice lo mismo, y así sucesivamente hasta llegar a la monja número treinta y nuevamente confiesa lo mismo.
Al llegar a la última monja, el sacerdote le dice:
Ya sé hermana, se ha reído en misa.
Y ella le contesta:
¡No padre, yo fui la del pedito!











El padre, en la homilía del domingo:
Hermanos, hoy vamos a hablar de la mentira y de los mentirosos.
¿Cuántos de vosotros recordáis qué dice el capítulo 32 de San Lucas? Todo el mundo levanta la mano.
Precisamente, a eso me refiero. El evangelio de San Lucas sólo tiene 24 capítulos.




Iban unas monjitas de casa en casa, y en eso llegan a la casa de un ateo y le dicen:
¡Somos las hermanas de Cristo!
A lo que el hombre responde:
¡Que conservadas están ustedes!







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