HUMOR

Religiosos


Venía un sacerdote lleno de arroz hasta en los anteojos.
¿Dónde fue la boda, padre?
Que boda ni que demonio, me vomitó un chino.




Llega un plomero a un convento a realizar un trabajo de fontanería, se entera éste de que la madre superiora tiene un perico. El fontanero muy aficionado a los pericos le pregunta a la madre superiora que si el perico sabe pronunciar alguna frase.
Por supuesto que éste perico habla perfectamente, comenta la monja. Oiga, ¿Y qué es lo que dice?
Mire, todo depende de la pata que le levante al perico, inténtelo... El fontanero le levanta la patita izquierda y el perico inicia "El Padre Nuestro"
Sorprendido pregunta a la madre qué es lo que hace si se le levanta la pata derecha. La madre contesta que reza "El Ave María".
¡No puede ser! Exclama el fontanero.
Oiga, ¿Y si le levanta las dos?
A lo que el perico contesta:
¡Pues idiota, me caigo!




Estaba un sacerdote celebrando una misa y dice:
¡Alabad, hermanos!
Y contesta una señora:
Y a planchad también que dejé mucha ropa.











Una señora va a la iglesia a confesarse y aprovecha de hablar con el cura y le dice:
Padre tengo dos loritas que lo único que dicen es:
¡Somos prostitutas y queremos gozar! Me da una vergüenza cuando van visitas a mi casa y las loras lo único que dicen son esas palabrotas. El padre le dice:
No se preocupe, tráigame a las dos loras que yo tengo dos loritos los cuales están muy bien educados, rezan y leen la Biblia, lo más probable es que los loros les enseñen cosas buenas.
La señora le dice:
Muy buena idea.
Al otro día llega la señora con las loritas y el cura le dice:
Démelas.
Las metió en la jaula con los loros que estaban rezando y las loras diciendo, somos prostitutas y queremos gozar, en eso se levanta uno de los loros y le dice al hermano:
¡Deja esa Biblia y el rosario que nuestros rezos dieron resultados!



Había un grupo de cuarenta monjas que esperaban para confesarse. Pasa la monja número uno, y le dice al sacerdote:
Padre me he reído en misa.
La monja número dos dice lo mismo, y así sucesivamente hasta llegar a la monja número treinta y nuevamente confiesa lo mismo.
Al llegar a la última monja, el sacerdote le dice:
Ya sé hermana, se ha reído en misa.
Y ella le contesta:
¡No padre, yo fui la del pedito!







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