HUMOR

Religiosos


Había un grupo de cuarenta monjas que esperaban para confesarse. Pasa la monja número uno, y le dice al sacerdote:
Padre me he reído en misa.
La monja número dos dice lo mismo, y así sucesivamente hasta llegar a la monja número treinta y nuevamente confiesa lo mismo.
Al llegar a la última monja, el sacerdote le dice:
Ya sé hermana, se ha reído en misa.
Y ella le contesta:
¡No padre, yo fui la del pedito!




Había un francés, un gringo, y un mexicano, eran amigos y al regresar de una cantina en su auto chocan y todos mueren, como se portaron mal en su vida todos se fueron al infierno, al llegar los recibe el diablo y les dice:
Tienen una oportunidad de ir al cielo.
Ellos preguntan que cuál y él les contesta:
Diganme la primera letra de su nombre, y si lo adivino se quedan aquí, pero sino lo adivino, se van al cielo.
Comenzamos contigo le dijo al gringo:
¿Con qué letra empieza tu nombre?
Con la b.
Te llamas Bill.
Adivinaste, te quedarás aquí.
Sigues tú francés.
Mi nombre empieza con la letra f.
Te llamas franchesco.
Oui, adivinaste te quedas aquí, a ver tú mexicano, ven acá.
Dígame su merced.
¿Con qué letra empieza tu nombre?
Con la g.
Te llamas Gerardo.
No señor.
Geronimo.
Tampoco.
Gonzálo, Gabriel, ya he dicho varios nombres que empiezan con g y no adivino, así que te vas al cielo, pero antes de irte dime, ¿Cómo te llamas?
Pues, Gelipe.




Velorio
El viejo acaba de morir.
El cura en la ceremonia se manda con los elogios:
- El finado era un buen marido, excelente cristiano, un padre
ejemplar!!...
La viuda voltea hacia uno de sus hijos y le dice al oído:
- Anda al cajón y mira si es tu papá el que está adentro.











Venía un sacerdote lleno de arroz hasta en los anteojos.
¿Dónde fue la boda, padre?
Que boda ni que demonio, me vomitó un chino.




Un cura estaba limpiando el altar en su iglesia cuando entra un hombre con cara de asombro y se queda plantado delante de la estatua del Santo Padre con la mano extendida. El cura, entre preocupado e indignado, sigue con sus quehaceres sin quitar el ojo al molesto personaje, y así pasa el tiempo. Al cabo de una hora el hombre con gesto de enfado susurra a la estatua:
Por favor, date prisa que llego tarde.
El cura no puede más y totalmente enfadado increpa al hombre:
Pero desdichado, ¿Qué estás haciendo?
A lo que el hombre responde:
Mire, a mí déjeme en paz, yo lo único que hice fue dar una lismona al pobre de la entrada y él me respondió Dios se lo pagará, y a eso vengo.







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