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Niños





Una señora le pregunta a un niño:
Oye niño, ¿cómo te llamas?
A lo que éste le contesta:
Huyyyy señora, ya ni sé.
Pero, ¿por qué me dices eso niño?, dice la señora.
Y le dice:
Pues verá, en mi casa mi papá me dice Francisco, mi mamá Pancho, mis hermanos Paco, y mis tíos Kiko, y cuando estornudo todos me dicen, ¡Jesús!, Así que ya ni sé ni como me llamo.




Llega una niña a su casa y le dice a su mama:
¡Mamá, mamá, un niño me dio 50 centavos por bajarle su globo de un árbol! y la mamá le dice:
Niña tonta, no ves que lo quería era mirarte los calzones.
El segundo día pasó lo mismo.
Al tercer día llega la niña a su mamá y le dice lo mismo. Y su mamá le dice:
Ay, pero que burra, no ves que lo que quería era verte los calzones. y la niña le dice:
¡No, ahora no me los vio porque me los quite antes de subir!




Eran dos niños muy pobres, que de repente, ven pasar a Santa Claus y uno le dice al otro:
Papá Noe.
El otro le responde:
Mamá tampoco.











Era una mujer gorda que está en un parque paseando a su perro, se le acerca un niño y le dice:
- ¿Muerde?.
La mujer responde:
- No.
Entonces, el niño le vuelve a preguntar:
- ¿Y el perro?.




Mientras el avión atestado está a punto de despegar, la calma es rota por un pequeño de 5 años que escoge ese momento para hacer una tremenda rabieta. No importa lo que hiciera la frustrada y avergonzada madre para calmarlo, el niño continuaba gritando furiosamente y pateaba los asientos alrededor. De pronto, desde el fondo del avión se levantó un anciano general en uniforme, con el pecho cubierto de condecoraciones, que caminó lentamente por el pasillo, llegó hasta donde estaba el niño e inclinándose suavemente le dijo algo al oído. De inmediato, el niño se tranquilizó, tomó la mano de su madre, y se abrochó su cinturón. Todos los pasajeros empezaron a aplaudir. Mientras el general regresaba
lentamente a su asiento, una de las azafatas le dijo:
Disculpe, señor, pero podría decirme qué palabras mágicas usó para callar a ese pequeño.
El viejo sonrió y dijo:
Simplemente le mostré mis condecoraciones, y le expliqué que todas esas medallas me autorizaban a tirar a un pasajero por la puerta del avión, en el momento que yo quisiera.







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