HUMOR

Vendedores





Estaba un señor vendiendo empanadas y decía:
¡Empanadas, empanadas, empanaditas!
Y un hombre le pregunta:
¿Cuánto cuestan las empanadas?
Y le dice:
Las empanadas cuestan un peso.
¿Y las empanaditas?
Un pesito.




Hola, buenos días. ¿Me da un recambio de folios para la carpeta?
¿Alguna marca en particular?
No, gracias, me da igual.
Si, bueno, ¿pero cómo lo quiere?, ¿liso, cuadriculado, con líneas? Cuadriculado, por favor.
¿Con qué tamaño quiere los cuadros?
Este...
Tengo los normales de 4 milímetros, pero también le puedo dar papel centimetrado, o medio centímetro, o los grandes de pulgada.
Me da igual, con cuatro milímetros.
El papel blanco y las rayas negras, me imagino.
Sí, sí.
¿Con margen o sin margen?
Bueno, con margen.
¿De qué color quiere la raya del margen?
Pues no sé, ¿qué colores tiene?
Unos cuantos. Rojo, negro, azul...
Rojo mismo, para que más.
¿Cuántos agujeros tiene su carpeta?
Cuatro.
¿Con las esquinas redondeadas?
No, mire, me da igual.
¿Y qué tamaño? ¿octavilla, cuartilla, folio, holandesa?
Vale, mire, lo que podemos hacer es que vuelvo mañana con la carpeta y usted me da un recambio igualito que el que tengo ahora, ¿vale?
Bueno, sí, si usted quiere...
Total, que el tío sale mareado de la librería y en la puerta se encuentra con un amigo suyo con un retrete al hombro, que le dice:
Hombre, Manolo, ¿qué tal?
Pues mira, no muy bien, porque venía a comprar hojas para la carpeta, pero el tío que me ha atendido es un plasta, y me ha dado un dolor de cabeza que no me aguanto.
¡Qué me vas a decir a mí!, yo vine esta mañana por un rollo de papel higiénico, y mira, ¡me tengo que traer el retrete para que le tome las medidas!




Iba un señor por la calle cuando de repente se le ocurren comer empanadas. Al caminar un par de cuadras encontró a un joven gritando:
¡Caliente la empaná, caliente la empaná!
Entonces el señor preguntó:
¿Cuánto vale una empanada?
Mil pesos no más, señor.
Deme una, por favor.
El señor se va con su compra pero, luego de un rato vuelve enfurecido donde el joven y le dice:
¡Oye idiota, esta empanada está fría!
Pero claro que sí, por algo yo gritaba, "¡Caliente la empaná, caliente la empaná!"











Un vendedor se dirige hacia un señor que va a viajar. El vendedor tiene en sus manos dos grandes maletas, pone las maletas en una silla cercana y le dice:
Mire señor, estoy vendiendo este reloj.
El señor le responde:
No gracias, tengo reloj.
Pero este es un magnifico reloj, mire lo que hace, y el vendedor presiona un pequeño botón y sale una pequeña pieza musical.
El señor le responde:
Gracias, pero tengo radio.
Pero eso no es todo, dice el vendedor y le pide su número telefónico, y presiona un pequeño botón y se encuentra llamando a su casa.
El señor convencido le pregunta al vendedor:
¿Cuánto cuesta?
Eso es lo mejor, solo cuesta 200 pesos, dice el vendedor.
Está bien, responde el señor.
Mire es suyo, que le vaya bien, y se va.
En eso lo llama el señor y le dice:
¡Dejó sus maletas!
Y el vendedor le responde:
¡No, esas son las baterías!




Un vendedor ambulante gritaba:
¡Bolitas adivinadoras, bolitas adivinadoras, bolitas adivinadoras a 5 dólares!
¿Qué es lo que hacen esas bolitas? Pregunta un señor.
Hacen que usted adivine, responde el vendedor.
Entonces, el señor le compra una de las bolitas adivinadoras y al masticarla le dice:
Pero, esto es pura tierra.
¡Otro que adivina!







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