"; Los mejores chistes de Viejitos

HUMOR

Viejitos




En un autobús repleto de viejecitos, en una gira especial a Lourdes para gente de tercera edad, una viejecita le toca el hombro al chofer y le brinda
un buen puñado de cacahuates (maní) sin cáscara.
El chofer sorprendido le da las gracias y se los come con agrado.
Cinco minutos después, la abuelita repite, el chofer vuelve a agradecerle el
gesto y se come los cacahuates.
Cinco minutos mas tarde, la anciana viene con otro puñado.
El chofer ya no puede comer más y le pregunta:
- Dígame abuelita, es muy gentil de su parte atiborrarme de cacahuates, pero
¿usted no cree que, a lo mejor, sus cuarenta amigos y amigas querrían también unos pocos?
- ¡ No se preocupe joven!, no tenemos dientes para masticarlos y sólo chupamos el chocolate que los recubre!




Un viejito va al oculista, y le dan unos anteojos, y dice el viejito al oculista:
¿Está seguro que con estos anteojos voy a poder leer bien?
Y le dice el oculista:
¡Sí!
A lo que el viejito responde:
¡Que bueno, porque yo no sé leer!




Una anciana le pregunta a un chofer de micro:
¿Cómo se puede llegar más rápido al cementerio?
El chofer le responde:
Póngase debajo de la rueda.










Había una viejita en la calle que vendía panes a $5 pesos, y siempre llegaba un joven y dejaba $5 pesos, y se iba sin coger el pan, y así todos los días. Entonces, un día la viejita lo paró y el joven dijo:
Sí, ya sé que quiere saber por qué siempre le dejo la moneda y me voy. Y responde la viejita:
No es eso, sólo quería decirle que ya cuestan $10 pesos.




En una reunión familiar los nietos piden a su abuelo que les relate la historia de cuando salvó a su general en su condición de soldado. Éste comienza la historia de la siguiente manera:
Yo estaba de guardia esa noche, cuando me percaté que se acercaba un rinoceronte a la tienda de campaña de mi General, le disparé, le corté una pierna y me la puse en el hombro, luego se repitió la historia, pero esta vez con un jabalí y también me la puse en el hombro. Luego el abuelo con un silencio profundo se queda dormido, los nietos desesperados por el final de la historia despiertan al abuelo de la siguiente manera: Abuelito, termina de contarnos la historia.
A lo que éste pregunta:
¿Qué historia mijitos?
Esa de cuando le tenías las piernas en tus hombros...
Ahhh, exclama el abuelo, después se lo mandé a guardar todito a tu abuela.





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