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HUMOR

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Estaba un sacerdote celebrando una misa y dice:
¡Alabad, hermanos!
Y contesta una señora:
Y a planchad también que dejé mucha ropa.




Había una vez un hombre tan bueno y millonario que le regalaba dinero a los pobres. El hombre teniendo dinero no se arreglaba bien. Un día el hombre dijo:
Caramba yo siendo millonario no me visto bien, de ahora en adelante tendré un nuevo look. El hombre se cortó el cabello, se afeitó y compró ropa nueva. Un día caminando bajo la lluvia le cae un rayo y se muere. Cuando llega al cielo se encuentra a Dios y le dice:
¿Dios, por qué yo siendo tan bueno me tuve que morir?
A lo que le contesta Dios:
Perdóname hijo, pero como te cortaste el cabello y te afeitaste no te reconocí.




Un anciano muere y va la cielo. Allí es recibido por San Pedro.
¿Me puede decir cómo se llama?
Pues, es que no me acuerdo.
A ver, le pondré algunos nombres, y me dice si le suenan. ¿Carlos? ¿Luis? ¿Juan? ¿Antonio?
- No creo que no, ninguno me suena, aunque podría ser uno de esos. San Pedro, desesperado, va a ver a Jesús, al que le cuenta el caso del anciano.
Entonces Jesús acude a hablar con él.
Mire, le haré unas preguntas, intente recordar, ¿de acuerdo?
El anciano asiente.
¿En qué trabajabas?
Creo que era carpintero.
¿Estabas casado?
Creo que sí, era una mujer muy buena, casi un santa, creo recordar. ¿Tenías hijos?
Sí, uno, pero era muy independiente.
Entonces Jesús llora de alegría, y corre a abrazar al anciano.
¡Papá, soy yo tu hijo!
Entonces el anciano llora también y exclama emocionado.
¡Pinocho!










El padre, en la homilía del domingo:
Hermanos, hoy vamos a hablar de la mentira y de los mentirosos.
¿Cuántos de vosotros recordáis qué dice el capítulo 32 de San Lucas? Todo el mundo levanta la mano.
Precisamente, a eso me refiero. El evangelio de San Lucas sólo tiene 24 capítulos.




Un domingo estaba el padre de la parroquia regañando a los feligreses ya que daban muy pocas ofrendas y les dice:
Hermanos, hoy vamos a recoger las ofrendas de una manera diferente, quiero que sin ver sus bolsillos metan la mano dentro y echen a la bandeja el billete que agarren, sin mirar que cantidad es. Y para que vieran los fieles como era, metió la mano en su bolsillo y cuando la sacó, era un billete de 100 dólares y exclama:
¡Te reprendo Satanás!






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