"; Los mejores chistes de Autos

HUMOR

Autos


Resulta que un conocido tipo se compra un auto último modelo y lo sale a probar por la autopista. Pone primera (60 km/h), segunda (90 km/h) tercera (110 km/h). Cuando estaba acelerando para poner cuarta una Ninja (moto) se le pone a la par. El conductor de la moto inclina su cabeza, mirando al conductor del automóvil, con la mirada fija hacia los ojos del tipo le dice:
¿Conoces la Ninja?, acelera la moto a fondo y se escapa a gran velocidad. El conductor del automóvil muy ofendido por el insulto que el motorizado le había ofrecido, acelera hasta alcanzarlo. Cuando estaban a la par nuevamente, el motorizado le dice por segunda vez:
¿Conoces la Ninja?, y otra vez se escapa a gran velocidad. El conductor empieza a acelerar hasta alcanzarlo. El hecho se repite, y así una vez más el motorizado se aleja pero esta vez, a una velocidad que el automóvil no puede alcanzar. Luego de manejar tranquilo por un rato al llegar a una curva ve al motorizado tirado en el piso, la moto 30 metros más adelante toda rota. El motorizado agonizando en el piso, el conductor se acerca y le dice:
Ja, eso te pasa por andar cargando a la gente con tu motito. Mira lo que quedó de tu moto.
A lo que el motorizado como puede responde:
Yo te preguntaba si conocías la Ninja, para ver si sabías dónde estaba el freno.




Iba un señor en una moto a 80 Km p/h en una carretera desértica. Cuando ve un aviso que decía: Disminuye a 50 Km. Entonces, disminuye la velocidad a 50 Km p/h. Más adelante encuentra otro aviso:
Disminuye a 30 Km. Entonces, disminuye la velocidad a 30 Km p/h. Más adelante encuentra otro aviso:
Disminuye a 10 Km. Entonces, disminuye la velocidad a 10 Km p/h. Más adelante encuentra otro aviso:
Disminuye a 5 Km. Entonces, disminuye la velocidad a 5 Km p/h. Más adelante encuentra un último aviso que dice:
¡Bienvenido a Disminuye!




Un conductor de camión que transporta 75 toneladas de nitroglicerina, cuando viaja en lo más alto de un puerto de montaña se da cuenta de que no tiene frenos y empieza a descender cada vez más rápido.
El camión va derrapando como si fuese una moto, esquivando como puede a los que vienen en dirección contraria.
Va rebotando todo el rato, porque el pavimento de la carretera esta lleno de baches, y de vez en cuando choca ligeramente con el muro que hay al lado de la carretera.
El conductor intenta en vano encontrar algún desvío, y al final el camión se sale de la carretera por una curva que cae por un precipicio
profundísimo.
El desgraciado conductor intenta quitarse el cinturón de seguridad, pero se ha atascado; mientras el camión va cayendo, se las arregla para cortarlo con una navaja que se le escurre entre los dedos varias veces, porque los tiene llenos de sudor. Intenta abrir la puerta, pero en uno de los choques contra el muro se ha deformado y es imposible moverla, así que agarra el extintor y empieza a golpear el parabrisas; como es de vidrio muy resistente le cuesta mucho, pero al final consigue romperlo y salta. Sin embargo, se engancha con los pantalones en uno de los hierros; intenta soltarse, pero es imposible, así que se los quita y por fin sale del camión. A pesar de que no ve nada, porque ha perdido sus gafas, consigue agarrarse a una ramita.
En ese momento, el camión explota con tanta violencia que a su alrededor cae una lluvia de fragmentos ardiendo y se produce una avalancha encima suyo.
El hombre aguanta como puede los golpes de las piedras en la cabeza, pero la ramita es demasiado pequeña y se desprende.
El camionero baja rodando por el barranco, golpeándose con todas las piedras, casi pierde el conocimiento, hasta que consigue agarrarse a un cactus y cree estar a salvo; sin embargo, debajo de esa rama hay una colmena.
Nuestro hombre es alérgico al veneno de las abejas, pero como no puede soltarse porque la caída seria mortal, aguanta impasible sus picaduras. Transcurre un rato que le parece una eternidad hasta que oye unos gritos; le dicen que le han visto y que van a llamar a la policía y a servicios médicos para que le atiendan.
No hay ningún teléfono cerca, así que tienen que ir hasta el pueblo mas cercano, a 20 kilómetros de distancia; un atasco impide que la ayuda llegue pronto, y cuando llega la policía se dan cuenta de que van a necesitar cuerdas para llegar hasta él fondo para rescatarle, y vuelven a por ellas.
El camionero aguanta varias horas bajo el sol ardiente, que le produce quemaduras de tercer grado, pero al final es rescatado.
Entonces uno de sus salvadores le dice:
- Gracias a Dios se ha salvado.
- No, gracias a Dios no, me he salvado gracias a ese cactus, porque las intenciones de Dios estaban bien claras....










Un señor hace parar un autobús, y le dice al chofer:
Oiga, ¿este autobús me lleva al cementerio?
Si se pone delante, es posible.




Un día un paletero iba caminando por una vía principal en la ciudad a eso de las 6:00 de la tarde. A la vez, un motociclista de entrega de pizza iba apurado porque se le acababa la media hora de entrega. Iba esquivando los carros y metiéndose por donde veía un espacio. En una de esas se le tira el paletero (vendedor de helados) en frente y lo choca.
El pobre repartidor de pizza empezó a gritar:
Ay, ¡Maté al paletero! ¡No puede ser!, señor paletero, dígame lo que tiene para decirle a la ambulancia, por favor, ¡Dígame lo que tiene!
En eso, el paletero abrió los ojos y empezó a murmurar:
Coco, limón, maracuyá...






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