HUMOR

Animales


Este era un perico que se la llevaba enfadando a su dueño y le decía: ¡Quiero galletas! ¡Quiero galletas!
Y el dueño le decía:
Si sigues enfadando te voy a sacar todas las plumas de la cabeza. Y el perico seguía enfadando:
¡Quiero galleta! ¡Quiero galleta!
Entonces el dueño se enojó y le desplumó la cabeza.
Y estaba el perico triste y pelón y se fue a la ventana a llorar, en eso pasa un pelado y el perico le grita:
¡Tú también querías galletas! ¿Verdad?




Un pollo y un cerdo nacen el mismo día, al cabo de un año, ¿cuál es el mayor?
El pollo porque tiene un año y pico.




¿Qué es una hipoteca?
Una discoteca para hipopótamos.











Resulta que a un famoso guitarrista le propusieron ofrecer un concierto en algún país de África, y éste aceptó. A tiempo tomó el avión y cuando sobrevolaba la selva éste se estrelló en medio de la selva, sólo
sobrevivieron el guitarrista y su guitarra. Al rato, se le acercó un león con cara de hambriento y luego otro y otro. En ese momento se acordó de que había leído que la música calmaba a los animales, y muy nervioso se puso a tocar una canción. Los leones se calmaron y acostaron a su alrededor, y el músico se tranquilizó pensando que se había salvado de morir, cuando de repente, de entre los árboles salió un león furioso y se comió al guitarrista, y uno de los primeros leones le dijo a otro: ¿Ves? ¡Te dije que el sordo, nos iba arruinar el concierto!




Era una vez un señor llamado Pedro que quería una mascota, así que decidió ir a la tienda de mascotas que quedaba a dos cuadras, llegó y le pidió al vendedor una mascota extraña y este le entregó una caja muy grande, y Pedro le pregunta:
¿Qué es eso?
Y el vendedor le dice:
Un ciempiés.
Y Pedro sorprendido le dice:
¿Qué tanto sabe hacer?
Y el vendedor le explica que sabe barrer e ir a la tienda en pocos minutos. El vendedor lo convenció y se lo compró.
Pedro llegó a su casa y abrió la caja y le ordenó limpiar y lo hizo en poco tiempo. Después Pedro se acordó que ya no tenía pan y leche y mandó al ciempiés a la tienda.
Pasaron 5 minutos, 10 minutos, 1 hora, 2 horas, 3 horas y nada... Y Pedro dijo:
Pues mi ciempiés ya se tardó, voy a ver si ya viene, abre la puerta y vio allí el ciempiés y Pedro le pregunta:
¿Qué haces aquí?
Y el ciempiés le responde:
Poniéndome los zapatos.







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