HUMOR

Animales


Un vendedor de loros tenía a la venta un loro grande, uno mediano y otro lorito chico, rasca, poca cosa, una porquería de loro. Una persona se interesa en comprar uno de los loros.
¿Cuánto vale el loro grande, el más bonito?
Este loro vale 500 dólares.
¿Pero, por qué tan caro?
Es que es muy educado, le habla inglés y francés de corrido y hasta entiende el alemán y el japonés.
Increíble, de verdad, pero bueno, entonces dígame, ¿Cuánto vale el mediano que luce bastante bien?
Este vale 5.000 dólares porque además de hablar cinco idiomas, conoce de historia universal, geografía e investigaciones espaciales.
Verdaderamente increíble. No me queda más que preguntarle por el precio del lorito más chico, tan feo e insignificante.
Este es el loro más caro de todos, sólo lo vendo en 50.000 dólares. Pero no puede ser, ¿Por qué? ¿Sabe mucho?
Mire, la verdad que no estoy seguro, pero los otros dos le dicen jefe.



¿Ustedes saben cual es el pez que hace shshshshshsh?
El pescado frito.




Tres elefantes caminaban por el desierto uno tras otro, entonces el primer elefante dice:
Cómo me gustaría tener una trompota, una trompota de unos 10 metros. Preguntan los otros dos, ¿y para qué?
Para enterrarla, sacar agua, regar y fresco.
Al rato dice el segundo elefante:
Cómo quisiera tener unas orejotas, orejotas de 10 metros cada una. Y dicen los otros dos:
¿Y para qué?
Para agitarlas, soplar fuerte y fresco.
Al rato dice el último:
Cómo me gustaría tener unas pestañotas, pestañotas, pestañotas de unos 5 metros cada una. Preguntan los otros dos, ¿y para qué?
Y contesta:
¡No más de loca!











Una tortuguita se balanceaba en una ramita.
Luego se dejaba caer en el suelo, se levantaba despacito y se acomodaba el caparazón.
Subía nuevamente a la ramita y se dejaba caer nuevamente.
En el piso apenas podía pararse y el caparazón se estaba trisando. Sube nuevamente a la ramita y comienza a balancearse.
Desde una rama vecina una paloma le dice a su palomo:
¡Y si le decimos que es adoptada!




Este era un perico que se la llevaba enfadando a su dueño y le decía: ¡Quiero galletas! ¡Quiero galletas!
Y el dueño le decía:
Si sigues enfadando te voy a sacar todas las plumas de la cabeza. Y el perico seguía enfadando:
¡Quiero galleta! ¡Quiero galleta!
Entonces el dueño se enojó y le desplumó la cabeza.
Y estaba el perico triste y pelón y se fue a la ventana a llorar, en eso pasa un pelado y el perico le grita:
¡Tú también querías galletas! ¿Verdad?







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