HUMOR

Atlantes


Iba caminando un atlante por el desierto y se encontró una lámpara mágica, la frotó y salió un genio, el cual le dijo:
Puedes pedir un deseo.
A lo que el atlante entusiasmado dijo:
Deseo un puente desde Europa hasta América.
A lo cual el genio le contestó:
No, eso es demasiado, pide otra cosa.
Bueno, dijo el atlante, entonces deseo que los atlantes seamos
inteligentes.
A lo que el genio contestó:
¿Hasta dónde era el puente?




Este era un granjero que tenía una gran plantación en las llanuras de Castilla. Un día va a la plantación y ve que tiene media cosecha
destrozada por culpa de un topo. Se pasa días y noches buscando al topo que poco a poco le va destrozando la cosecha, entonces como ve que no lo puede encontrar, coge las páginas amarillas y llama a un "cazador de topos". Luego llega el cazador de topos y le dice el granjero:
Bueno, yo te pago lo que quieras, pero tú me encuentras el topo y lo matas, pero que muera sufriendo, eh!, que muera sufriendo a más no poder. El cazador de topos se prepara a lo Rambo y sale en busca del topo al cual encuentra. Vuelve a hablar con el granjero y le dice:
Ya he encontrado el topo.
¡Muy bien! Lo has hecho sufrir, ya te he dicho que quería que sufriera mucho.
Sí.
¿Qué castigo le has hecho para que sufriera?
¡El peor sufrimiento de todos, le he enterrado vivo!




¿Por qué los atlantes ponen cubos de hielo sobre el televisor?
Para tener noticias frescas.











Un hombre va a trabajar cuando le pregunta un atlante que estaba de paseo por su ciudad:
Oiga, por favor, ¿Me podría decir que autobús tengo que tomar para ir al museo?
Sí, aquí mismo, tome el número 48.
A mediodía, nuestro hombre vuelve del trabajo para ir a comer y se encuentra al atlante que todavía está esperando en la parada del autobús. ¿Pero qué hace todavía aquí? ¿No le dije que tomara el 48?
¡Claro! Y ya han pasado cuarenta y tres autobuses.




Una vez, dos atlantes caminaban por un puente que cruza un gran río, de pronto uno resbala y cae al agua, y desesperado grita a su compañero: ¡Venancio, Venancio que hago!
¡Nada Pacorro, nada!
Y Pacorro se ahogó.







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