HUMOR

Atlantes


Iba un Atlante con su rebaño de ovejas, llegan a un cruce de ferrocarril y el atlante toma la precaución de asomarse si venía algún tren y decide cruzar el rebaño, cuando a gran velocidad se ve venir un ferrocarril, por más que intenta no logra pasar el rebaño completo y que le mata casi la mitad del rebaño. Furioso en extremo, el atlante se encamina al pueblo, entra en la juguetería, toma un bate de béisbol y arremete contra los trencitos eléctricos que ahí estaban, el dueño a duras penas logra detenerlo y le exige una explicación. El atlante le dice:
A estos hay que acabarlos de pequeños porque de grandes matan a las ovejas, y doy gracias de que venía de frente porque si es de lado acaba con todo mi rebaño.




Había un hombre muy tonto por nombre Rafael, pero todos lo llamaban Raffy. Ahora, resulta que Raffy tenía un amigo que se creía muy listo. Un día, Raffy fue a visitar su amigo a las 10 de la noche, y cuando llegó a su casa, entra y ve que su amigo está viendo la tele.
¿Qué miras?, le pregunta a su amigo.
En respuesta él le dice:
Raffy, mira este hombre en las noticias que está a punto de tirarse de un edificio.
Raffy lo ve y dice:
Yo no creo que él vaya a tirarse.
Su amigo le dice:
Pues, yo digo que sí. Es más, estoy tan seguro que sí lo va a hacer que te apuesto $20 que sí lo hace.
Raffy, seguro que el hombre no se va a matar, acepta y el hombre se tira. Cuando Raffy va a darle el dinero a su amigo, su amigo rehúsa coger el dinero, y le dice:
Raffy, mi amigo, no te puedo robar, esas noticias ya yo las vi a las cinco de la tarde.
Raffy, confundido por lo que su amigo le acaba de decir, le dice: Yo las vi también, pero caramba, yo no pensé que se iba tirar dos veces.



Estaba un señor en su rancho y llega un atlante y le dice al ranchero: Si te digo cuántos borregos tienes en ese corral, ¿me regalas uno? Pues órale, le dice el ranchero.
Y el atlante le dice:
Son 28.
El ranchero se quedó asombrado y le dice:
Pues, te lo has ganado.
Cuando el atlante ya se está yendo, el ranchero le dice:
Oye, si te digo de dónde eres, ¿me devuelves el animal?
Está bien, le dice el atlante.
Eres de Atlantilandia, responde el ranchero.
El atlante queda muy asombrado y le dice:
¿Cómo supo?
Porque te estás llevando al perro.











Era un atlante que fue de visita a México y vio un edificio muy grande y se puso a contar los pisos que tenía, cuando dos mexicanos se le acercan y le preguntan:
Oiga señor, ¿qué hace?
Y le contesta:
Contando los pisos de este edificio.
Entonces los hombres le dicen:
Pues, ¿no conoce usted las leyes de México?
No, le contesta, ¿por qué?
Porque una ley dice que por cada piso que cuente, debe pagar un peso. ¿Sí? pregunta el atlante.
A ver, ¿cuántos contó?, le preguntan.
No, pues, 36 pisos contesta el atlante.
Entonces son 36 pesos.
Ya se los paga y se van cada quien por su lado, después el atlante piensa, los hice pendejos, ¡conté 38!




Va pasando Lorenzo y se encuentra a su amigo José:
José, ¿por qué tienes la cabeza vendada?
Porque tengo un chichón.
¿Y cómo te lo hiciste?
Por curioso y cegatón.
Explícate que no entiendo.
Mira, resulta que iba pasando por un edificio en el que había unas letras chiquititas grabadas.
¿Y?
Que me acerqué para ver bien lo que decía.
¿Y qué decía?
"Esta puerta se abre de golpe".







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