HUMOR

Atlantes


Estaba un atlante en la fila para comprar los boletos y así poder entrar a ver la más reciente producción.
Deme dos boletos por favor, señorita, dice el atlante al llegar a la taquilla.
Aquí tiene, son doce reales, contesta la taquillera.
Gracias, contesta el atlante.
Al poco rato, la taquillera observa que el atlante regresa por otros dos boletos para la misma película.
A los cinco minutos, vuelve a comprar otros dos boletos para la misma película.
Después de unos instantes, regresa a la taquilla y pide otros dos boletos para la mismísima película, a lo que la encargada le dice:
Señor, ¡Dígame cuántos boletos va a querer de una buena vez, y se los vendo todos juntos!
Solo quiero dos, dice el atlante, pero el tipo de la entrada me los rompe cada vez que se los doy.




-¿Buenas tardes, señorita, está el doctor?
-No, atiende de tres a cinco.
-Bueno, voy a buscar cuatro más y vuelvo.




Pepe y Manolo estaban conversando una tarde y Pepe le dice a Manolo: Oye Manolo, yo creo estar listo para una vacacioncita, pero este año quiero hacer algo diferente, distinto.
¿Y eso por qué, Pepe?, Le pregunta Manolo.
Pues, es que los últimos años que he seguido tus recomendaciones de donde ir, pues me ha ido muy mal. Hace como 3 años me has recomendado ir a Hawai, lo hice y María salió preñá. Al siguiente año me has sugerido ir a las Bahamas y María me ha quedado preñá otra vez. Y como si eso no hubiera sido suficiente, el año pasado me habéis dicho ir a Barbados, y por supuesto, María volvió a salir preñá, replicó Pepe.
Manolo le pregunta a Pepe.
¿Y qué pensáis hacer de diferente este año Pepe?
Pepe le dice:
Manolo, este año me llevo a la María conmigo.











Dos Atlantes deciden poner una zapatería, y averiguan que los mejores zapatos son los de cocodrilo. Entonces, alquilan un gran bote y se van a cazar cocodrilos. Después de haber cazado más de 50, uno de los atlantes muy molesto le dice al otro:
Mira, Pedro, si el próximo cocodrilo que chapamos no tiene ZAPATOS, para mí se acabó la cacería.




Un hombre estaba cortando el césped en el jardín frente a su casa cuando Manolo, su vecino, salió de su casa y se dirigió al buzón de correos; lo abrió, lo volvió a cerrar y regreso a su casa. Un poco después Manolo volvió a salir de la casa, se dirigió otra vez al buzón, lo abrió y lo cerró con un golpe. Hecho una furia regreso a la casa. El hombre estaba terminando de cortar el césped cuando vio que Manolo salía de nuevo, iba al buzón, lo abría y lo cerraba con todas sus fuerzas. Intrigado por sus acciones, el hombre le preguntó:
¡Oye, Manolo! ¿Te pasa algo?
A lo que respondió:
¡Claro que me pasa algo! Mi estúpida computadora me sigue dando un mensaje que dice: "tienes correo".







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