HUMOR

Locos


Se escapan dos locos de una clínica psiquiátrica. En su huida llegan a una estación de tren y suben al tren contentos de su buena suerte; Resulta que aquel tren llevaba una compañía de marina de maniobras y al ver tanto marino le dice uno a otro: Oye loco, esto no es un tren, ¡esto es un barco!. El otro dice: Vamos a tirarnos al agua antes de que zarpe, y se tira. El que está aún en el tren le pregunta: ¿Cómo está el agua?.... y contesta el otro desde el suelo del anden: ¡Tírate por el otro lado que por aquí hay muchas rocas!




Este era un manicomio lleno de locos, todos haciendo algo. De pronto un loco se levanta y dice:
Yo soy el enviado de Dios.
Otro se levanta y dice:
¡No mentiroso! ¡Yo soy el enviado de Dios!
Y se levanta otro:
Yo soy el enviado de Dios.
Y así todos se comenzaron a pelear entre ellos, cada uno diciendo lo mismo. De pronto alguien gritó aún más fuerte y todos escucharon: Tranquilos, no sé que les pasa, ¡Porque yo no he enviado a nadie!



El doctor le dice a un loco:
Míreme bien a los ojos y, después le pregunta:
¿Así que cuando usted habla escucha voces y no sabe quien le esta hablando?
El loco responde:
Sí, cuando hablo por teléfono.











El inspector general de salud está haciendo un recorrido por el manicomio en compañía del encargado del plantel. De pronto, el inspector ve algo que le llama la atención; un loco acostado en el piso y un grupo alrededor de él. Por curiosidad, le pregunta al encargado qué está pasando allí: Lo que pasa es que el loco que está acostado dice que es el periódico y los demás lo están leyendo.
Muy interesante, ahora me tengo que ir, seguiremos mañana la inspección. Al otro día, cuando siguen haciendo la supervisión, el inspector ve que el loco-periódico del día anterior es perseguido por todos los antiguos lectores.
¿Y ahora qué está pasando?, le preguntó intrigado al encargado.
Que como es el periódico de ayer, ahora lo quieren usar de papel
higiénico.




Una vez se encontraron tres locos en un desierto. Llevaban varios días de recorrido y no habían encontrado nada para comer y mucho menos para beber. Después de cinco días, los tres locos encontraron un viejo automóvil en medio del desierto, uno de los locos pregunta:
¿Para qué nos puede servir este auto?
El segundo le contesta:
Yo no sé, pero tiene que servir para algo.
El tercero le responde:
Yo me voy a llevar un asiento para sentarme cuando me canse.
El segundo le dice:
Yo me voy a llevar el radiador para tomar agua cuando tenga sed.
El primer loco le dice:
Pues, yo me voy a llevar una puerta.
Y los otros locos le dicen:
¿Una puerta? ¿Y para qué?
A lo que el primer loco le contesta:
¡Para bajar los cristales cuando tenga calor!







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