"; Los mejores chistes de Niños

HUMOR

Niños


Muñeca?
Una señora viajaba con su hija en auto después de recogerla de la escuela, cuando recordó que tenía que ir a pagar las cuentas. Como la espera sería larga y estaban cerca del edificio donde trabajaba su esposo, decidió dejarla ahí, para que acompañara a su padre. Llegó al edificio, saludó a su amiga la recepcionista, y le pidió que llevara a la niña con su padre. Luego salió de prisa. Más tarde, durante la cena la niña pregunta: - Papá, te ví con tu secretaria. ¿Por qué le decís muñeca?
Sintiendo la fría mirada de su esposa sobre él, el hombre contesta: - Bueno, es que es muy trabajadora. Teclea rápidamente, conoce los sistemas de cómputo y es muy eficiente.
- Ah, -dice la pequeña niña, - yo creí que era porque cierra los ojos cuando la recostás en el escritorio...




Una nena está observando la cabeza a su mamá y le dice:
Mira, mamá, tienes un cabello blanco, y otro, y otro.
La mamá le responde:
Esas son canas.
Oye, mamá, ¿Y por qué te salen canas?, pregunta la nena.
Porque cada vez que tu te portas mal y yo te tengo que reprender, me sale una cana, responde la mamá.
¡Ay mamá! comenta la nena, ahora comprendo por qué abuelita tiene la cabeza toda blanca.




Estaba un técnico reparando un radio y llega un niño y le dice:
Disculpe señor, ¿Usted no es el técnico que repara teléfonos?
No niño, yo soy el técnico que repara radios.
Pero, ¿Está seguro que usted no repara teléfonos también?
No niño, yo sólo reparo radios.
¿Está seguro? Porque a mí me dijeron que usted repara teléfonos.
Entonces, el técnico ya molesto por las preguntas, le responde:
Bah, está bien, ¡YO SOY EL TÉCNICO QUE REPARA TELÉFONOS!
¡Aaahh! ¿Y entonces, qué está haciendo con ese radio?










Mamá, mamá, ¿los frijoles tienen hierro?
Sí, hijo, ¿por qué?
¡Con razón mis calzones están todos oxidados!




Cierta noche estaban la mamá y su hijo en casa. El niño derramó la leche, y su mamá le ordenó que limpiara con el trapeador, el cual estaba en el patio.
El niño abrió la puerta, y la mamá se percató de que él tenía miedo, y ella le dijo cariñosamente:
- No temas, hijo. Dios está en todas partes, inclusive en la oscuridad de la noche. Entonces el niño gritó hacia el patio:
- ¡Dios! ¡Me pasas el trapeador por favor!




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