HUMOR

Animales


Van dos amigos caminando por el campo, uno le dice al otro:
No puedo aguantar la sed.
Tranquilo, que llegaremos a un pozo dentro de poco.
Llegan al pozo, se acercan y comentan:
Parece que no se ve agua aquí.
Espera que tiraré una piedra, mira a un lado y otro y ve una gran piedra, la agarra y la tira dentro del pozo.
Pues parece que está profundo.
Espera que ya llegará, le dice el amigo.
En esto ven bajar una cabra corriendo hacia el pozo.
Mira la cabra esa, ¡Como corre!
La cabra se tira de cabeza al pozo, y dice uno:
Esta tenía más sed que tú, ¿Eh?
Entonces, aparece el cabrero y les pregunta:
Buenas tardes, ¿Han visto una cabra por aquí?
Sí señor, acaba de tirarse al pozo la pobrecilla, seguro que tenía sed. Pero cómo se va a tirar al pozo la cabra, si la tenía yo aquí, amarrada a una piedra, dice el cabrero.




Había una vez un loro que tenía un dueño pelado, y por eso el loro siempre le estaba diciendo:
Pelado, pelado, pelado, pelado.
Un día el dueño se cansó que le dijera pelado y le dijo al loro:
¡La próxima vez que me digas pelado te tiro por el inodoro!
Al loro no le importó y le siguió diciendo:
¡Pelado!
Entonces el dueño lo tiró por el inodoro, pero como un loro no entra por el inodoro quedó ahí medio acurrucado.
Un día el dueño va al baño y el loro le dice:
¡Che pelado, te hiciste la raya al medio!




Habían cinco tortugas que se fueron a un picnic, cuando iban a empezar a comer, notan que no habían traido el abridor de latas y sólo tenían latas de conserva, entonces una de ellas dice:
Bueno, hagamos un trato, yo iré por el abridor, pero me prometen que no van a tocar nada hasta que yo regresé, ¿Entendido?
Sí, dicen las tortugas.
Pasa un año, dos años, tres, cuatro, diez años, etc, y nada que se aparece la tortuga.
Una de ellas dice:
Yo ya no aguantó más el hambre, empecemos a ver cómo abrimos las latas. Y cuando empiezan a comer, la tortuga que estaba detrás de un árbol sale y dice:
¡Yo sabía, yo sabía que no me iban a esperar!











Este era una vez un hombre que quería comprar un loro. Entra a una tienda de animales y ve a tres loros; el primer loro cantaba karaoke y pregunta: ¿Cuánto cuesta este loro?
El vendedor le responde:
20.000 dólares.
El señor pregunta por el siguiente loro que cantaba operas.
¿Cuánto cuesta este otro loro?
El vendedor le responde:
30.000 dólares.
Luego el comprador pregunta por el último de los loros que estaba mal vestido, despeinado y fumando.
¿Y cuánto cuesta éste?
El vendedor le responde:
100.000 dólares
El comprador le pregunta:
¿Por qué este es tan caro?
El vendedor responde:
Porque éste es el que escribe las canciones, le pone la música, y prepara los conciertos.




Ricardo recibió un loro por su cumpleaños; ya era un loro adulto, con una muy mala actitud y vocabulario. Cada palabra que decía estaba adornada por alguna palabrota, así como siempre de muy mal genio.
Ricardo trató desde el primer día de corregir la actitud del loro, diciéndole palabras bondadosas y con mucha educación, le ponía música suave y siempre lo trataba con mucho cariño.
Llegó un día en que Ricardo perdió la paciencia y gritó al loro, el cual se puso más grosero aún, hasta que en un momento de desesperación, Ricardo puso al loro en el congelador.
Por un par de minutos aún pudo escuchar los gritos del loro y el revuelo que causaba en el compartimiento, hasta que de pronto todo fue silencio. Luego de un rato, Ricardo arrepentido y temeroso de haber matado al loro, rápidamente abrió la puerta del congelador. El loro salió y con mucha calma dio un paso al hombro de Ricardo y dijo:
Siento mucho haberte ofendido con mi lenguaje y actitud, te pido me disculpes y te prometo que en el futuro vigilaré mucho mi comportamiento. Ricardo estaba muy sorprendido del tremendo cambio en la actitud del loro y estaba a punto de preguntarle qué es lo que lo había hecho cambiar de esa manera, cuando el loro continuó:
Te puedo preguntar, ¿Qué fue lo que hizo el pollo?







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